{"id":3734,"date":"2020-12-24T18:26:26","date_gmt":"2020-12-24T18:26:26","guid":{"rendered":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/?p=3734"},"modified":"2023-06-30T02:03:34","modified_gmt":"2023-06-30T02:03:34","slug":"la-gloria-de-la-encarnacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/la-gloria-de-la-encarnacion\/","title":{"rendered":"La gloria de la encarnaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"3734\" class=\"elementor elementor-3734\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-34777e3 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"34777e3\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-a730517\" data-id=\"a730517\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-eefaed8 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"eefaed8\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>Ha llegado la \u00e9poca navide\u00f1a, cuando conmemoramos la primera venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. En la tormenta cultural actual de la correcci\u00f3n pol\u00edtica, es comprensible, sin embargo, que pocas personas esta temporada est\u00e9n pensando en el don de la gracia de Dios a la humanidad. De hecho, la percepci\u00f3n p\u00fablica de la Navidad evidentemente ha menguado de lo que sol\u00eda ser, donde en lugar de crear belenes y proclamar el evangelio, Santa Claus, a quien muchos ni\u00f1os y ni\u00f1as creen sinceramente que es verdadero, se ha convertido culturalmente en un componente integral de la Navidad en el Occidente.[1] Este personaje ficticio, una combinaci\u00f3n de un San Nicol\u00e1s distorsionado y el Padre Navidad ingl\u00e9s, ha logrado tr\u00e1gicamente de suplantar a Cristo como el s\u00edmbolo principal de la Navidad para muchos.<\/p><p>Sin embargo, hist\u00f3ricamente en la iglesia, eso es cualquier cosa menos que Navidad. Detr\u00e1s de todos los \u00e1rboles, las luces y los villancicos, est\u00e1 la raz\u00f3n de la estaci\u00f3n, lo que deber\u00eda estar en la vanguardia: el nacimiento de nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas. Era un d\u00eda glorioso, cuando los reyes magos llegaron trayendo regalos para el Mes\u00edas prometido; oro, mirra e incienso, regalos que simbolizaban los oficios reales, sacerdotales y prof\u00e9ticos de su ministerio. Los pastores se apresuraron en los campos para presenciar el nacimiento del Se\u00f1or en un pesebre (Lc. 2, 15-20), el gran &#8220;Yo soy&#8221; (Ex. 3:14; Isa. 43:10-11; Juan 8:24, 28, 58) tomando carne humana. Como se profetizo, se le llamar\u00eda &#8220;Emmanuel&#8221; (Isa. 7:14), que significa &#8220;Dios con nosotros&#8221; (Mat. 1:24-25), y su nombre &#8220;Jes\u00fas&#8221; es el equivalente griego del hebreo &#8220;Josu\u00e9&#8221;, que significa &#8220;Yahweh es salvaci\u00f3n&#8221; o &#8220;Yahweh salva.&#8221;[2]<\/p><p>Esta es la encarnaci\u00f3n, el Hijo de Dios tomando carne humana, Dios no creado entrando en la creaci\u00f3n. A muchos les parece incre\u00edble que el Hijo, siendo de la misma sustancia que el Padre, tomara carne humana para cumplir el plan redentor de Dios. Sin embargo, aunque es dif\u00edcil de entender para muchos, lo hace a\u00fan m\u00e1s glorioso. Fue San Agust\u00edn quien dijo que cuanto m\u00e1s incomprensible el mundo pueda ver la encarnaci\u00f3n, m\u00e1s divino nos parece, a los que hemos recibido la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo.[3]<\/p><p>En sus <em>Sermons to the People: Making Sense of the Incarnation<\/em>, San Agust\u00edn escribi\u00f3:<\/p><p style=\"padding-left: 40px;\">Cristo naci\u00f3 de madre humana y por lo tanto ha encomendado este d\u00eda santo a los siglos. Naci\u00f3 de un Padre Divino y por lo tanto ha creado todas las edades&#8230; Cristo naci\u00f3 de un padre [Dios] y una madre [Mar\u00eda], pero sin un padre [humano] o una madre [divina]&#8230; sin una madre, sigue siendo un Ser Divino; sin un padre sigue siendo un ser humano.[4]<\/p><p>El concilio eclesi\u00e1stico de Nicaea en el a\u00f1o 325 dC afirmaba esta verdad, afirmando que, seg\u00fan las Escrituras, Cristo era verdadero Dios del Dios verdadero, de una sola sustancia con el Padre, quien fue eternamente engendrado, no hecho, y que Cristo se hizo humano para nosotros y para nuestra salvaci\u00f3n.[5] La encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas y su relaci\u00f3n con el Padre pueden haber sido disputadas por hombres como Ario, pero a medida que avanzaba el tiempo, fue la verdad la que prevaleci\u00f3.[6] El joven obispo Atanasio, m\u00e1s tarde dado el t\u00edtulo de \u201cel campe\u00f3n de la ortodoxia\u201d, escribi\u00f3 varias apolog\u00e9ticas, dos de las cuales son <em>En la Encarnaci\u00f3n<\/em> y <em>Oraciones contra los Arios<\/em>. Seg\u00fan Atanasio, el historiador Ivor J. Davidson explica que:<\/p><p style=\"padding-left: 40px;\">Solo la asunci\u00f3n de la humanidad por alguien quien es \u00e9l mismo plenamente divino podr\u00eda llevar a cabo un cambio en este estado creado; al convertirse en humano y vivir una vida humana, la Palabra divina, que es en s\u00ed misma la verdadera imagen de Dios, restaur\u00f3 la imagen de Dios que est\u00e1 empa\u00f1ada en nosotros.[7]<\/p><p>En otras palabras, Cristo s\u00f3lo pod\u00eda ofrecer cambiarnos, y s\u00f3lo pod\u00eda perdonar al hombre su pecado, si es plenamente divino; si no lo es, entonces es impotente para redimir y renovar al hombre para reflejar la imagen de Dios. Atanasio ten\u00eda raz\u00f3n, y al leer en la palabra revelada de Dios, &#8220;el Verbo [<em>Logos<\/em>] se hizo carne, y habit\u00f3 entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unig\u00e9nito del Padre, lleno de gracia y de verdad&#8221; (Juan 1:14). Como escribe el comentarista Donald MacLeod: &#8220;El Hijo [de Dios] es el Logos&#8221; (Juan 1:1).[8]<\/p><p>Atanasio escribe sobre el prop\u00f3sito de su venida, en el cual Cristo hab\u00eda tomado &#8220;un cuerpo como el nuestro, porque todos nuestros cuerpos eran susceptibles a la corrupci\u00f3n de la muerte, [y] entreg\u00f3 Su cuerpo a la muerte en lugar de todos, y se lo ofreci\u00f3 al Padre. Esto lo hizo por amor a nosotros.&#8221;[9] Cristo hab\u00eda venido a &#8220;buscar y salvar lo que se hab\u00eda perdido&#8221; (Lc. 19,10), a salvar al hombre de la anarqu\u00eda, a expiar los pecados del arrepentido y a permitirnos vivir como portadores de la imagen de Dios, sus vicerregentes, bajo su gobierno. En la muerte y resurrecci\u00f3n sustitutivas, Cristo tuvo \u00e9xito donde Ad\u00e1n hab\u00eda fracasado, y como ordenado por el Padre, su recompensa es la herencia de la tierra y de toda la creaci\u00f3n (Sal. 2:8).[10]<\/p><p>\u201cCristo no es s\u00f3lo Dios de Dios; \u00e9l es el nuevo Hombre del Dominio (Ef. 1:20-22),\u201d el es Rey y Salvador soberano. [11] En Cristo ahora podemos llevar a cabo la Gran Comisi\u00f3n, el avance de su reino a trav\u00e9s del poder de su Esp\u00edritu Santo. Es el intercambio personal de muerte por la vida eterna, la salvaci\u00f3n y la redenci\u00f3n disponibles en Cristo, pero tambi\u00e9n es el intercambio de una cultura de muerte por una cultura de vida, una cultura en armon\u00eda con la palabra revelada de Dios.<\/p><p>Por eso encontramos gran gozo en el Evangelio, porque como escribi\u00f3 san Agust\u00edn, \u201c[Cristo] deseaba convertirse en uno de nuestros hijos para hacer algo encantador por nosotros; es decir, hacernos todos Sus hijos, los hijos de Dios.\u201d[12] Por eso celebramos la Navidad, la gloria de la encarnaci\u00f3n, en que Cristo, mientras \u201cacostado en un pesebre&#8230; el mundo descansaba en sus manos. [Y] cuando era un ni\u00f1o, no ten\u00eda palabras, y sin embargo era el Verbo mismo.&#8221;[13] Que su primer adviento nos recuerde de su segundo adviento venidero y nuestro llamamiento a predicar la buena nueva del reino de Dios mientras esperamos el regreso prometido de nuestro Se\u00f1or.<\/p><hr \/><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[1]<\/u>\u00a0Tanya Lewis, \u2018Kids\u2019 Belief in Santa Myth Is Healthy, Psychologists Say\u2019,\u00a0<em>Live Science<\/em>, last modified December 19, 2013, http:\/\/www.livescience.com\/42089-kid-s-belief-in-santa-is-healthy.html.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[2]<\/u>\u00a0R.C. Sproul and Keith Mathison, eds.,\u00a0<em>The Reformation Study Bible<\/em>, English Standard Version. (Lake Mary, FL.: Ligonier Ministries, 2005), 1362.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[3]<\/u>\u00a0Augustine of Hippo.\u00a0<em>Sermons to the People: Advent, Christmas, New Year\u2019s, Epiphany<\/em>. trans. and ed. William Griffin (New York, NY.: Image Books Double Day, 2002 [orig. 1935]), 57.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[4]<\/u>\u00a0Augustine of Hippo.\u00a0<em>Sermons to the People: Advent, Christmas, New Year\u2019s, Epiphany<\/em>, 59.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[5]<\/u>\u00a0Mark A. Noll,\u00a0<em>Turning Points: Decisive Moments in the History of Christianity<\/em>, Third Edition, (Grand Rapids: Baker Academic, 2012), 48-49.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[6]<\/u>\u00a0Robert A. Baker and John M. Landers,\u00a0<em>A Summary of Christian History<\/em>, Third Edition, (Nashville: B&amp;H Publishing Group, 2005), 65.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[7]<\/u>\u00a0Ivor J. Davidson.\u00a0<em>A Public Faith: From Constantine to the Medieval World AD 312-600<\/em>, ed. John D. Woodbridge, David F. Wright, and Tim Dowley, Volume Two. (Grand Rapids: Baker Books, 2005), 64.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[8]<\/u>\u00a0Donald MacLeod.\u00a0<em>The Person of Christ: Contours of Christian Theology<\/em>\u00a0(Downers Grove, IL.: InterVarsity Press, 1998), 73.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[9]<\/u>\u00a0Cited in\u00a0<em>St. Athanasius on the Incarnation: The Treatise \u201cDe Incarnatione Verbi Dei<\/em>, trans. and ed. A Religious of CSMV (Crestwood, NY.: St. Vladimir\u2019s Seminary Press, 1953 [orig. 1944]), 33-34.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[10]<\/u>\u00a0P. Andrew Sandlin,\u00a0<em>The Full Gospel: A Biblical Vocabulary of Salvation<\/em>\u00a0(Vallecito, CA: Chalcedon Foundation, 2001), 18.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[11]<\/u>\u00a0Cited in Sandlin,\u00a0<em>The Full Gospel: A Biblical Vocabulary of Salvation<\/em>. Robert S. Rayburn, \u201cThe Presbyterian Doctrines of Covenant Children, Covenant Nurture, and Covenant Succession,\u201d\u00a0<em>Presbyterion<\/em>, 22:2 (1996), 76-112.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[12]<\/u>\u00a0Augustine of Hippo.\u00a0<em>Sermons to the People: Advent, Christmas, New Year\u2019s, Epiphany<\/em>, 60.<\/span><\/p><p><span style=\"color: #999999;\"><u>[13]<\/u>\u00a0Ibid, 57.<\/span><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Detr\u00e1s de todos los \u00e1rboles, las luces y los villancicos, est\u00e1 la raz\u00f3n de la estaci\u00f3n, lo que deber\u00eda estar en la vanguardia: el nacimiento de nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4651,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","_eb_attr":"","om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"neve_meta_sidebar":"","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"off","neve_meta_content_width":0,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":"","neve_meta_reading_time":"","h5ap_radio_sources":[],"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,5,10],"tags":[],"class_list":["post-3734","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-apologetica","category-articulos","category-teologia"],"aioseo_notices":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/ARTICLE-94.jpg?fit=2000%2C1332&ssl=1","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3734","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3734"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3734\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5240,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3734\/revisions\/5240"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4651"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3734"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3734"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cantaroinstitute.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3734"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}